Hasegawa Tohaku (1539-1610)

jueves, 29 de noviembre de 2012

Mahmud Darwix, poeta palestino



“Qué dones de vuestro Señor negaréis”

CORÁN 55, azora «El Misericordioso»,
que canta las bondades de la Creación


“[…] en este día machacado por las orugas de los tanques.
¿Quién contará nuestra historia?”

(Mahmud Darwix)

Resumen


Recorremos aquí el libro En presencia de la ausencia, autobiografía poética de Mahmud Darwix. Lo hacemos a partir de la trágica historia del pueblo palestino, seleccionando los pasajes más políticos, o bien, como propongo al final, proféticos. En especial, de la poesía política, nos detenemos en el exilio y la nostalgia. Dejamos de lado una lectura más universal, las hermosas páginas dedicadas al amor y al Arte Poética para adentrarnos, por primera vez en este blog, en el río donde confluyen poesía y política.



Aproximaciones I: lo árabe


Mahmud Darwix es, en primer lugar, un poeta árabe. Si detrás de cada piedra hay un inglés, quién mejor que Lawrence de Arabia para interrogarnos sobre lo árabe:

Una primera dificultad del movimiento árabe era la de poder decir quiénes eran los árabes. (…) Había un país llamado Arabia, pero esto nada tenía que ver con el asunto. Había una lengua llamada árabe; y allí estaba el meollo del asunto. Era la lengua habitualmente hablada en Siria, Palestina, Mesopotamia y gran parte de la península llamada Arábiga en el mapa.
    Antes de la conquista musulmana, estas áreas estaban habitadas por pueblos diversos, que hablaban lenguas emparentadas con el árabe. Solemos llamarlas semíticas, pero se trata (como ocurre con la mayor parte de los términos científicos) de una denominación incorrecta. No obstante, el árabe, el sirio, el babilonio, el fenicio, el hebreo, el arameo y el sirio eran lenguas emparentadas; y los indicios de influencias comunes en el paso, o incluso de su origen común, se han visto reforzados por nuestro conocimiento de que la apariencia y costumbres de los actuales pueblos árabe-hablantes de Asia, aunque tan variados como un campo cubierto de amapolas, mantienen una semejanza fundamental. Podríamos con entera propiedad denominarlos primos, unos primos tristemente conscientes de su parentesco.
(1)

Para Lawrence la lengua no es sólo el denominador común, la palabra es salvación, resistencia. Situado en el momento en el que los turcos pasan a dominar políticamente a los pueblos semitas de Asia, este inglés conocedor de los árabes hasta encabezar su rebelión, escribe sobre ellos:

[…] fueron siendo uncidos a su yugo, y quedaron sometidos a una lenta agonía. Sus bienes les fueron arrebatados; y su espíritu se apergaminó bajo el reseco soplo de un gobierno militar. El dominio turco fue un dominio policial […] La tenacidad semítica se manifestó en las múltiples rebeliones que tuvieron lugar en Siria, Mesopotamia y Arabia contra las crecientes formas de penetración turca, y se presentó no menor resistencia ante los más insidiosos intentos de absorción. Los árabes no estaban dispuestos a renunciar a su rica y flexible lengua a favor del rudo idioma turco; en vez de esto, infectaron el turco de palabras árabes, y conservaron los tesoros de su propia literatura.
    Perdieron su sentimiento geográfico y su memoria racial, política e histórica; pero se aferraron aún con mayor fuerza a su lengua, y la erigieron casi en su propia y real Patria. El primer deber de todo musulmán era estudiar el Corán, el libro sagrado del Islam, y casualmente el más grande monumento literario árabe. La idea de que esta religión les era propia, y que sólo su lengua les permitía comprenderla y practicarla con propiedad, dio a cada árabe un patrón con qué medir los fútiles logros de los turcos. 
(2)

Veremos que en Darwix se repite este patrón árabe apuntado por Lawrence: anclar la patria en la palabra. En presencia de la ausencia, es un tesoro de la memoria cultural palestina, un auténtico registro político-poético de otra guerra entre primos, la de los hebreos y los palestinos, cuyos misiles, hoy, hacen temblar nuestros corazones.

 

II.- Aproximaciones II: Al Nakba

En presencia de la ausencia, publicado en Beirut en 2006, es una magnífica y potente autobiografía donde lo personal y lo político son un todo inseparable: la guerra maduró al poeta “como agosto a las granadas en las laderas de los montes saqueados”. Más que una obra narrativa se trata de una continua y bella prosa poética, en cuyo título está contenido el sino existencial palestino tras al Nakba, «El Desastre», la «limpieza étnica de Palestina», 1948 (y continúa…)

Es notable lo poco que sabemos en Occidente sobre al Nakba, información que sí encontramos en el prólogo de Jorge Gimeno a esta edición española de Pre-Textos (2011):

Durante la primavera de 1948, los pueblos y aldeas de Palestina fueron sometidos a un plan sistemático de acoso y destrucción por parte de las milicias sionistas. Para el otoño, 531 habían desaparecido, arrasados o dinamitados. Birwa, el pueblo en el que en 1941 había nacido Mahmud Darwix, fue uno de ellos. Se hallaba a ocho kilómetros de San Juan de Acre, en las colinas que separan el Mediterráneo de la Galilea interior. La aldea fue tomada y destruida por las milicias israelíes y reemplazada por un kibutz y una moshav. El kibuts se llama Yasur. La moshav se llama Ahihud. Son los nombres que hoy constan en los mapas.
(3)

Mahmud Darwix había nacido en 1941, cuando Palestina (detrás de todo siempre hay un inglés) se encontraba bajo el mandato británico. Tenía siete años cuando las milicias sionistas destruyeron su aldea natal:

Te despiertan de tu edad y te dicen: Hazte mayor ahora mismo, con nosotros, a la edad de la tribu. Corre con nosotros, que no te coma el lobo. No hay tiempo de despedirse de nada caliente. Lo que te queda por dormir, déjalo junto a la ventana abierta, que te alcance cuando despierte con el azul del amanecer. […]

Sal con nosotros a esta noche inmisericorde. Ya aprenderás a ordenar los luceros en la alacena de la memoria, a restituir lo perdido a fuerza de nombrarlo, así te desquitarás. Pero no mires a las estrellas ahora, no sea que te rapten y te pierdas. Agárrate del vestido de tu madre… él te guía por la tierra que corre descalza bajo los pies, y no llores como tu hermano recién nacido, no sea que el llanto ponga a los soldados sobre aviso. (4)


Los habitantes de esas aldeas se convirtieron en desplazados. Algunos, como en el caso de Darwix y su familia, se refugiaron en los campamentos del Líbano, al menos al principio.

Guarda bien en tu memoria esta noche de dolor. Puede que un día tú seas el rapsoda, la rapsodia y el rapsodiado. No olvides este estrecho y sinuoso camino que te lleva y que tú llevas hacia la turbulencia de lo desconocido, y que ha de arrojaros, a ti y a los tuyos, en manos del equívoco.

Preguntas: ¿Qué significa “refugiado”?
Te dirán: Es aquel al que arrancan de la tierra de la patria.
Preguntas: ¿Y qué significa “patrias”?
Te dirán: Es la casa, la morera, el gallinero, las colmenas, el olor del pan, el primer cielo.
Y no te privas de preguntar: ¿En una palabra tan corta caben tantas cosas… y no cabemos nosotros? (5)


Concluirá Darwix, no sin sorna, mucho tiempo después: “Con una o dos matanzas, el nombre del país, de nuestro país, pasó a ser otro”. Se impuso el relato israelí, el mito hebreo: que la tierra vacía aguardaba, que la tierra era para el pueblo sin tierra.

 […] Y nosotros, los que no existíamos sobre la «tierra prometida», nos convertimos en el fantasma de la víctima, que perseguía a su asesino ya durmiera o velara o ni una cosa ni otra, a un asesino que no paraba quieto, atormentado por el insomnio, y que gritaba: «Pero, ¿es que aún no se han muerto?». Pues no… El fantasma alcanzó la edad del destete, de la madurez, de la resistencia y del retorno.  (6)

Al principio fueron considerados «infiltrados». Luego su estatus legal cambió a «presentes-ausentes»: están ahí, presentes, pero en cuanto a sus bienes raíces y derechos civiles, se encuentran legalmente ausentes. Desde el titulo de la autobiografía, y en el pensamiento de Darwix, este juego de presencia y ausencia es condición más que legal, existencial del palestino.




Aproximaciones III: El exilio

Darwix vivió exiliado. Su obra poética lo convirtió no sólo en un referente de la poesía árabe contemporánea, o en un testimonio del pueblo palestino, sino y sobre todo en un gran poeta de la identidad y del exilio, temas que trascienden lo árabe y nos muestran en Darwix a un poeta universal:

Todo «aquí» evidenciaba lo perdido, todo era una comparación lacerante entre el «aquí» presente y el «allí» pasado. Y lo más doloroso era que el «allí» estuviera tan cerca del «aquí»: una vecina a la que tenías prohibido visitar. No te queda sino mirar tu vida ahí, a un tiro de piedra, que unos emigrantes del Yemen prosiguen sin que tú quepas en ella: ellos son los dueños de la verdad divina, tú un refugiado inoportuno. (7)

Darwix vivió en Beirut, Túnez, Moscú, París. A Palestina regresaba con los sentidos, el asalto de un olor entre sobrevenidos hábitos:

En el exilio buscas tus rincones, el rincón de lo cotidiano, y escribes: El exilio no es una trampa / Podemos decir: En esta calle lateral tengo / la panadería / correos / la lavandería / el estanco / un rincón / un olor que me recuerda…

Las ciudades son un olor. Acre huele a yodo y especias. Haifa, a pino y sábanas arrugadas. Moscú, a vodka y hielo. El Cairo, a mango y jengibre. Beirut, a sol, mar, cigarrillos y limón. París, a pan recién hecho, queso y cosméticos. Damasco, a jazmín y frutos secos. Túnez, a nardos y sal. Rabat, a alheña, incienso y miel. Una ciudad sin olor no cuenta a la hora de los recuerdos. Los exilios comparten un olor, el de la nostalgia de lo que se fue… un olor que recuerda otro. Un olor que corta la respiración, tan profundo que te lleva, como un mapa turístico muy gastado, al olor del lugar primero. El olor es un recuerdo y una puesta de sol. Aquí el atardecer es un reproche que la belleza le hace al forastero.
(8)

Así el libro que comentamos contiene palabras del exilio que reflexionan sobre sí mismas. Que agradecen al exilio incluso. El proceso de escritura es reconstrucción, recomposición del sujeto que convive con su estado de presencia ausencia:

[…] En este ocaso, sólo las palabras están capacitadas para recomponer un tiempo y un lugar que se hicieron añicos, para dar nombre a unos dioses que, absortos en sus guerras de armas rudimentarias, nunca se ocuparon de ti. Las palabras son el material básico para construir la casa-verso. ¡Las palabras son una patria!

[…] Si el exilio te ha dolido pero no te ha matado, regresa a la cuna de la imaginación y mídete y equipárate con quienes velan para descifrar el misterio. El exilio, un malentendido entre la existencia y las fronteras […]

Más hacer público lo que se siente no es –como es sabido- uno de los atributos del exilio /

Lima, pues, la distancia con la pericia del profesional, no con la torpeza del amante confuso. La poesía del exilio no es lo que el exilio te dice, sino lo que tú le dices a él de tú a tú. El exilio abre su casa por igual a la disonancia y a la armonía. Hazte a ti de ti mismo. Y no olvides darle las gracias al exilio, sin reparos. Te alabaré, oh exilio, donde el encomio mejor hable de ti… Allí, bajo la morera que me cobije, en casa de mi madre, de paso en un otoño de paso. (9)


Hacer público lo que se siente no es un atributo del exilio, pero decir es, por la fuerza misma de las palabras, erigirse en guardián de una memoria, en espejo de otras víctimas que son reflejo, espíritu de un pueblo.

¿Por eso tu respuesta personal consistió en defender la memoria con la poesía? Escribiste un trasunto de biografía personal-colectiva, preguntándote: ¿Por qué has dejado solo al caballo? ¿Qué puede hacer el poeta ante la apisonadora de la historia salvo preservar los árboles de los viejos senderos y los manantiales visibles e invisibles? Y cuidar de la lengua para que no se empobrezca ni merme la capacidad metafórica que la distingue, para que no prescinda de las voces de las víctimas que piden ser parte de los recuerdos futuros, en una tierra en la que la lucha prosigue más allá de la fuerza de las armas: en la fuerza de las palabras. (10)




Aproximaciones IV: La nostalgia.

Una constante de la poesía del exilio: la nostalgia. El tema es abordado por Darwix con lúcida naturalidad:

Pero no se siente la nostalgia de un dolor, de un temor o de un entierro. La nostalgia es memoria selectiva de la belleza del paisaje, es reparar las ventanas desvencijadas antes de que se caigan a la calle. La nostalgia es la exacción del exiliado, es sentir vergüenza de que le gusten la música y los jardines del exilio… Sentir nostalgia significa que, aquí, nada te alegre salvo sobrevivir.
[…]
(11)

El proceso de ordenación de la memoria que produce la nostalgia, las diversas manifestaciones del sentimiento, son parte de un relato ordenado y al mismo tiempo, positivo. Aunque con efectos secundarios, el sentimiento de nostalgia actúa de manera positiva, en el sentido de la recomposición, de la reconstrucción de uno y de la patria por la palabra:

Así, la nostalgia siempre nace de un acontecimiento hermoso, no de las heridas. La nostalgia no son los recuerdos, sino lo que uno selecciona del museo de la memoria. La nostalgia elige y replanta, como un jardinero hábil, los recuerdos limpios de hojas marchitas. La nostalgia tiene efectos secundarios: mirar demasiado hacia atrás, pecar de exceso de confianza, querer el presente mejor en pasado, hasta en el amor. […] (12)

Entre 1982 y 1994, Darwix, que se había exiliado en París, pasó períodos en Túnez. Allí se había instalado la OLP tras la salida forzada del Líbano. “En 1994 el mando palestino, encabezado por Arafat, regresó a Gaza en el marco de los Acuerdos de Oslo, que se iniciaban Copn la autonomía conocida como «Gaza y Jericó primero». Darwix, crítico con los Acuerdos, decidió no regresar, políticamente hablando.” (13):

Entre irse entonces y venir ahora media tanto tiempo que te ha permitido despojarte de la melancolía del exilio. […] Te estabas despidiendo de los que marchaban al patio trasero del país… de los que abandonaban el universo de los mitos para meterse en la estrecha cápsula de la realidad. […] Regresar, regresar sin himnos ni banderas al viento. Casi como infiltrados, por el agujero de un muro. Casi como celebrando entrar por la puerta grande de, llamemos a las cosas por su nombre, una cárcel, el caos patrio. Migrantes […] (14)

Además, reflexionará Darwix, una vez en (la que ya no es) Palestina, ¿acabaría o comenzaría la nostalgia?:

¿El viaje acababa o comenzaba? ¿El que retornaba se aproximaba al lugar o el lugar se alejaba de como era en su imaginación? Quien retorna ya mayor, es presa de las comparaciones y de la perplejidad de preferir lo imaginado a lo real. Quien ha nacido en el exilio, entre descripciones de cómo el allí es siempre mejor, puede que sufra una gran decepción ante un paraíso fabricado con palabras que le han calado muy hondo y con las que ha construido una imagen idílica que a duras penas reconoce. El que retorna ha heredado la memoria de unas gentes que temían que él olvidara, algo por lo que habían apostado los otros… y ha heredado la memoria de los himnos obstinados en glorificar el folclore y el rifle, convertidos en identidad desde que lejos de la tierra de la patrio… nació la patria. La patria nació en el exilio. El edén nació del averno de la ausencia.
(15)

Sabemos que años después, ya “símbolo del espíritu nacional palestino” el poeta regresó a Haifa, a su Galilea, con un permiso extendido por dos días por el Estado de Israel, para ver a su madre y visitar la tumba de su padre. Este regreso tiene palabras escritas con nostalgia:

No hay rastro de Birwa a la derecha de la carretera que viene de Nazaret, salvo su imagen en tu mente, que amurcan unas vacas que mastican y rumian el pasto de tus recuerdos. Te habías dicho: Pasaré por ella al atardecer, para conservar en la imaginación una imagen borrosa, como salida de dentro de las piedras, propia de quien es forastero. Y También: Pasaré al atardecer, para conservar en la imaginación una imagen borrosa, como salida de dentro de las piedras, propia de quien es forastero. Y también: Pasaré al atardecer para que nadie, salvo yo, me vea buscando a Birwa en lo que se me amputó, y en vano entonaré las alabanzas de rigor, en las que la imaginación zurce la frágil belleza del lugar. Y aun te dijiste: Pasaré por Birwa al atardecer para que en mis entrañas concuerden forma y sentido y para confesarle:

Ese soy yo, y éste es él.

Éste es el niño, el pillo / pillo antes y pillo ahora, hijo de tu agua y de tu fuego / De ti vine y de la nada, de uno de tus antiguos poemas vine / Vine de la imaginación / para devolverte a ella y grabar tu nombre / en las rocas como los viejos rapsodas / […]
(17)




Aproximaciones V: palabras como patria

Darwix pasó tiempo en la "densa" cárcel, "ese lugar inflexible con el tiempo", fue militante del partido comunista, editor de la revista Al-Karmel, dirigente de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) “y redactor, en 1988, de la Declaración de la Independencia Palestina, que él mismo terminó por considerar una farsa. ‘¿Qué argucia legal o lingüística puede formular un tratado de paz y buena vecindad entre un carcelero y su preso?’, se pregunta.” (18)

Como el ruso Pasternak y el griego Seferis, el palestino Darwix muestra cómo un poeta puede ser llevado por su angustia espiritual a examinar problemas mucho más amplios que su ombligo, sobrentendidos en la obra, explícitos en algunas ocasiones, y expresamente dejados de lado en otras, y que es cuando a veces Palestina corre paralelo a Darwix. En lo que a poesía política respecta, estamos ante sus cimas: la palabra alcanza una función sanadora, recomponedora. En una entrevista el propio Darwix afirmaba:

Yo considero la poesía una medicina espiritual. Puedo crear con palabras lo que no encuentro en la realidad. Es una tremenda ilusión, pero positiva: no tengo otra herramienta con la que buscarle un sentido a mi vida o la vida de mi nación. Tengo el poder de otorgarles belleza por medio de las palabras y plasmar un mundo bello y también expresar su situación. Una vez dije que yo construyo con palabras una patria para mi nación y para mí (19)

Como para Lawrence, la lengua es una patria. En una tradición que privilegia el vínculo, la palabra es realidad, presencia. Este proceso es descripto por Gimeno con estas palabras:

En el plano poético, la consideración de que la tierra es madre fue la primera fase de esa poiesis (creación, construcción, lo que se hace, lo hecho). Si la colonización sumía a los palestinos en el no ser, el vínculo poiético con la madre se lo devolvía, tanto en el exilio como en el Interior. Esta visión tuvo un largo recorrido en las letras palestinas, brillantemente encarnada en la poesía de Rachid Huséin o en la narrativa de Gasán Kanafani. La segunda fase, grosso modo, culmina con el desarrollo por parte de Darwix de la noción de presencia-ausencia. Hacer de la ausencia física y jurídica del individuo poiesis, esto es, realidad de la presencia, fue tarea de Darwix (…) (20)

La poiesis palestino-darwixiana comienza con la visión de la tierra como madre, y luego descansa en el concepto de ausencia, la lógica del destino individual y la realidad misma

que le permite al desposeído vivir su vida en presencia de sí misma y la creación de una identidad nueva, de decurso, lejos del fatum y del fas (ley divina), pero que no excluye ni el retorno ni la exigencia de justicia. (21)

El escritor sabe que hay otras víctimas, otros palestinos. De allí a que la palabra no dude nunca, hay un sólo paso. Darwix escribe para cuidar la lengua, para “defender la memoria con la poesía”, para que sean "estremecedoras" las voces de las víctimas. Nuevamente Gimeno:

Si el problema de todo poeta (sobre todo occidental) es el de saber si se dirige a alguien y no sólo a la Palabra, si su producto / artesanía guarda alguna relación honorable con la inclinación del eje del Globo, eso es algo que a la víctima de la ausencia no se le plantea. Sabe que hay otras víctimas, en este tiempo y en otros lugares, víctimas de otras presencias teológicas, económicas. Ha entrado en la dimensión humana del hombre. Mantiene su relación con el reino de las cosas. Y por tanto no duda. No de la utilidad de la poesía. (22)

Estamos ante un poeta con fe en la poesía, en la fuerza y la resistencia de las palabras. A diferencia de otros exiliados representativos, en general con tendencia al verso sufriente, Darwix recupera en la lengua el gozo de la identidad palestina:

Si te preguntan por la fuerza de la poesía, di: La hierba no es tan frágil como parece. No se rompe, hunde su sombra nimia en el seno de la tierra. El musgo de las piedras es la imagen perfecta del allende que no se manifiesta a bombo y platillo. La hierba es una profecía espontánea que no tiene más profeta que su color, antítesis del desierto. La hierba salva al viajero de la fealdad del paisaje y de un ejército que bloquea el camino a lo posible. La hierba es poesía que fluye del impulso, el gozo de lo simple, la sencillez del gozo. La lengua que se allega al significado, el significado que casa con la hospitalidad de la esperanza.
(23)

Darwix es un poeta de la fe, con voz de viejo rapsoda y oraciones panegíricas. Es un poeta con esperanza. Siendo que  la “mejor poesía de los hebreos fue escrita por sus profetas, que eran dirigentes políticos y religiosos y considerados, tanto por ellos mismos como por los demás, como portavoces del celoso dios nacional” (24), es notable que en Darwix, su primo palestino, encontremos ese mismo tono profético:

Siempre que te alejes, te acercarás / y siempre que te maten, vivirás / pero no te pienses muerto allí / y vivo aquí /  Nada demuestra esto o aquello sino el tropo / El tropo que enseña a los seres a jugar con las palabras / El tropo que hace de la sombra geografía / El tropo que ha de reunirte con tu nombre / Levántate y los tuyos contigo / más alto y más lejos de lo que a ti y a mí nos destinaron las leyendas / Escribe tú mismo la historia de los de tu índole / desde que el mar te insufló ritmo y respiración / hasta que a mí regresaste vivo / Pues aquí estás ante mí amortajado / como una rima trunca que frena la carrera de mi texto hacia ti / Yo soy agente y paciente de la elegía / Seme para que yo te sea / Ponte en pie para que cargue contigo / Acércate a mí para que te conozca / Aléjate de mí para que te reconozca.
(25)


 Mahmud Darwix
(Birwa, Palestina, 1941 -  Houston, EE.UU., 2008)



Notas:
(1)    T. E. Shaw, Los siete pilares de la sabiduría. Trad. de Alberto Cardín. Navarra: Zeta, 2006. p. 38)
(2)    T. E. Shaw, Los siete pilares de la sabiduría,  p. 53.
(3)    Gimeno, Jorge. “Prólogo”. En Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Valencia: Pre-Textos, 2011, pp. 9-10.
(4)    En Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Trad. de Luz Gómez Garcia. Valencia: Pre-Textos, 2011, p. 50
(5)    Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Trad. de Luz Gómez Garcia, p. 53.
(6)    Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Trad. de Luz Gómez Garcia, p. 83.
(7)    Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Trad. de Luz Gómez Garcia, p. 60.
(8)    Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Trad. de Luz Gómez Garcia, p. 80
(9)    Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Trad. de Luz Gómez Garcia, p. 102
(10)     Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Trad. de Luz Gómez Garcia, p. 156
(11)     Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Trad. de Luz Gómez Garcia, p.133
(12)     Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Trad. de Luz Gómez Garcia, p.136
(13)     Luz Gómez Garcia. En Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Nota al Pie Nro. 15, p. 151.
(14)     Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Trad. de Luz Gómez Garcia, p. 154
(15)     Ibidem.
(16)     Entrevista del 25 de julio de 2008 por Dalia Karpel, publicada en el excelente blog de Mahmud Darwix, de su traductora Luz Gómez García: mahmuddarwix.blogspot.com
(17)    Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Trad. de Luz Gómez Garcia, pp. 173-174
(18)     En Benjamín Prado. “En el infierno Rilke se lee al revés”. En El País. Cultura.
(19)    Entrevista de Dalia Karpel, ya señalada en (16)
(20)    Gimeno, Jorge. “Prólogo”. En Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Valencia: Pre-Textos, 2011, p. 11
(21)    Gimeno, Jorge. “Prólogo”. En Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Valencia: Pre-Textos, 2011, p. 14
(22)     Gimeno, Jorge. “Prólogo”. En Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Valencia: Pre-Textos, 2011, p. 14
(23)     Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Trad. de Luz Gómez García, p. 165
(24)     Bowra, C. M., “Profetas y videntes”, en Poesía y política. Buenos Aires: Losada, p. 55.
(25)     Darwix, Mahmud. En presencia de la ausencia. Trad. de Luz Gómez García, p. 29.

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